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7 de octubre de 2018
Labios en el sueño
Al abrir los ojos en tierras de otros
las alas se extienden como rayos luminosos,
se rompe la oscuridad del bostezo, (1)
despiertan sensaciones en la bóveda del sueño,
caminan por praderas, (2)
se deslizan hacia el cosmos
para observar a los dioses. (3)
Los ojos se dibujan entre cascadas y arrecifes,
volcanes y praderas como páramos celestes. (4)
En el viaje se abre un círculo
como cuando se abren los labios en el sueño. (1)
Autores:
(1) Ramiro Rodríguez
(2) Catalina Jiménez Castillo
(3) Derva Orozco Maciel
(4) Conchita Hinojosa
Imagen: Paul Cézanne.
19 de diciembre de 2016
La Luz de una Lámpara
LA SONRISA DE NEMESIO
—¡Sí vino, mi abuelo sí vino! —dijo uno de los nietos de don Nemesio Álvarez. Y, como travieso duende, se filtró el rumor entre la gente.
Afuera, la llovizna dibujaba puntitos en el pavimento, mientras que en los cristales de las ventanas apenas era visible. Desesperados, en completo desorden, salieron los invitados. Luego los padrinos y familiares de los novios abandonaron el salón. Enseguida los músicos y hasta la misma pareja de recién casados se olvidaron del festejo, sólo para mirar al viejo. Tenía tanto sin salir de casa que les causaba extrañeza su asistencia. En pocos minutos, la camioneta en que se transportaba quedó rodeada de curiosos.
Apenas por la mañana Nemesio decidió asistir a la boda, pensando que si su mujer viviera le habría encantado verlo divertirse. Ellos habían sido unos padres ejemplares. Aparte de llenar de amor a sus hijos, colmaron de afecto a sus sobrinos y nietos. Y justo ahora, era una nieta quien contraía nupcias.
Durante su largo matrimonio, Nemesio y Clarita sólo sufrieron una ruptura, la cual les sirvió para fortalecer su relación y envejecer juntos. Don Nemesio andaba ya en los setenta años. Haber perdido meses atrás a su compañera de vida lo tenía deprimido y casi desconectado de lo real. Sin ella esto no es vida, repetía de manera constante.
Cuando recibió la invitación, ni siquiera se molestó en leerla; se limitó a abandonarla en un rincón. No obstante, su pensamiento cambió y, al recuerdo de su esposa, tomó la tarjeta y la leyó detenidamente. Lavó su camioneta, salió de casa, se compró una camisa y una texana nueva. Se cortó el cabello y se rasuró; se arregló como a ella le gustaba. Así, completamente renovado, se dirigió a la fiesta.
Al estacionarse afuera del salón de eventos, unos suaves acordes lo remontaron al ayer. Sin bajarse del vehículo, reconoció el vals, mismo que había bailado en su boda. “Si es tormento vivir sin tu amor y el amarte un eterno dolor. Si esto es vida yo quiero soñar y si es muerte yo quiero morir”. Una tranquilidad inusual lo arropó. La melodía sonaba perfecta. Se recargó en el asiento y se balanceó al ritmo de la música. Entonces apareció Clarita, su esposa, joven, hermosa, tal y como la conoció. Era como si el tiempo hubiera hecho una pausa justo el día que se casaron. Llevaba puesto un vestido blanco que le arrastraba en el piso, con una larga cola que se difuminaba en la penumbra. La tomó de la cintura y bailaron sin dejar de contemplarse. Vuelta tras vuelta, parecían suspendidos en el aire. No hablaron con la voz, pero sí con la mirada, con las manos, con el latir de los corazones, con el correr de la sangre. Y cómo no sonreír, si Nemesio volvía a ser el hombre más feliz del universo. Era la única ocasión que sonreía luego de su viudez. Hubiera querido que el vals no terminara y bailar, y bailar y seguir bailando con ella una eternidad; sin embargo, un dolor lo hizo soltarla y llevarse las manos al pecho, cayendo de cara sobre el volante. Pero ahora no estaba solo, ahí estaba Clarita para levantarlo.
La luz de una lámpara iluminó el rostro de Nemesio dentro del vehículo. Así lo encontraron, sonriendo y con el corazón dormido.
Catalina Jiménez Castillo (Río Verde, S. L. P., 1969). Narradora y poeta. Asistió al Taller de Creación Literaria impartido por Ramiro Rodríguez en 2015. Participó en el recital Voces desde el Casamata, el Congreso Binacional Letras en el Estuario y en el Festival Internacional de Otoño. Su obra se incluye en las antologías Rara ubicuidad (ALJA, 2013) y en Ríspida introspección (ALJA, 2014). En narrativa breve, autora de Cómplice la noche (ALJA, 2014) y coautora de Hoy te contaré (ALJA, 2015).
19 de abril de 2015
Hoy Te Contaré en el MACT
El Ateneo Literario José Arrese y ALJA Ediciones
le invitan a la presentación del libro
Hoy te contaré
(ALJA Ediciones, 2015)
de las escritoras
Catalina Jiménez Castillo
Derva Orozco Maciel
Miércoles 29 de abril, 2015. 6:30 p.m.
Museo de Arte Contemporáneo
H. Matamoros, Tamaulipas. Entrada libre.
27 de noviembre de 2014
Cómplice la Noche en el MACT
El Ateneo Literario José Arrese y ALJA Ediciones
le invitan a la presentación del libro
Cómplice la noche (ALJA, 2014)
De Catalina Jiménez Castillo
Viernes 28 de noviembre, 2014. 7:00 p.m.
Museo de Arte Contemporáneo
H. Matamoros, Tamaulipas. Entrada gratuita.
17 de abril de 2014
Aroma De Café
Aquella vez fue diferente. Sin quietud, sin el menguante arrullador, sin los ecos que destila una noche común. Esa noche la enmarcaban las sonrisas, la bañaban los recuerdos. Se hablaba con las manos, con los ojos, con el alma. La devoró el tiempo. Se extinguió en instantes, dejando anécdotas inconclusas, sonrisas a medias., sin saciar la sed de la convivencia familiar.
El sol me besó por la ventana. Respiraciones apacibles. Cuerpos serenos eran acariciados por el aire del ventilador que jugueteaba con las sábanas y los cabellos a su alcance. Me interné en sus sueños. Unos soñaban con la reunión anterior; otros, con paisajes inimaginables. Muy claro vi sus sonrisas, mientras cabalgaban en caballos blancos por el firmamento. Presioné mi cabeza con las manos. Creo no dormí lo suficiente, pensé. Mientras mis sentidos eran atrapados por el vapor que emanaba del café.
El sol me besó por la ventana. Respiraciones apacibles. Cuerpos serenos eran acariciados por el aire del ventilador que jugueteaba con las sábanas y los cabellos a su alcance. Me interné en sus sueños. Unos soñaban con la reunión anterior; otros, con paisajes inimaginables. Muy claro vi sus sonrisas, mientras cabalgaban en caballos blancos por el firmamento. Presioné mi cabeza con las manos. Creo no dormí lo suficiente, pensé. Mientras mis sentidos eran atrapados por el vapor que emanaba del café.
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Catalina Jiménez Castillo (Río Verde, S. L. P., 1969). Narradora. Asiste a los talleres del Ateneo Literario José
Arrese desde principios del 2013. Su obra aparece en Rara
ubicuidad Antología de poesía, narrativa y ensayo (ALJA, 2013). Actualmente forma parte de la mesa directiva del grupo literario antes mencionado.
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